Una madre soltera perdió su entrevista de trabajo por ayudar a una desconocida… Al día siguiente, un CEO fue a buscarla.

—Tranquila. Todo va a estar bien. La ambulancia ya viene.

Sofía, aferrada al brazo de su madre, tenía los ojos demasiado grandes para su pequeño rostro de siete años.

—Mami, la señorita del hospital dijo que si llegabas tarde…

—Lo sé, mi amor.

Valeria cerró los ojos un segundo.

Tres años estudiando enfermería en turno nocturno en el CONALEP.
Incontables dobles jornadas limpiando oficinas en la colonia Juárez.

Todo para conseguir esa entrevista en el Hospital Ángeles Roma.

El trabajo que les daría estabilidad. Un sueldo fijo. Seguro médico.
El trabajo que permitiría que Sofía fuera a una mejor escuela pública en la colonia Narvarte.
El trabajo que significaba dejar de contar cada moneda para el súper.

Y ahora… se les escapaba entre los dedos como agua.

—Pero tu entrevista es a las 9:30, mami.
—Ya son las 9:35.

Las lágrimas amenazaron con salir, pero Valeria las tragó.

Nunca frente a Sofía. Jamás frente a Sofía.

—¿Dónde estoy?

La voz de la mujer mayor sonaba frágil, asustada.

—¿Dónde está mi hijo?

—Todo va a estar bien, señora. El equipo médico ya viene.

Valeria volvió a revisar la herida.
No era profunda, pero la desorientación sí era preocupante.
Un golpe en la cabeza podía ser algo serio.

Del otro lado de la calle, Alejandro Salgado observaba la escena con el corazón desbocado.

Su madre, Doña Mercedes Salgado, estaba en el suelo con sangre en la frente.