La puerta se abrió y Lionel Messi apareció. En persona parecía más humano, menos una leyenda y más un hombre. Sonrió al verlos con esa sonrisa tímida tan característica suya.
—Señor Martínez —dijo, dirigiéndose a Antonio—. Su hijo me contó su historia. Es un honor conocerlo.
Antonio lo miró con ojos llenos de emoción contenida.
—El honor es mío, Leo. He seguido toda tu carrera. Desde el primer gol con el Barcelona hasta el Mundial. Has sido una inspiración.
Messi se sentó frente a ellos con una expresión serena.
—Recibí su carta y la fotografía. Me conmovió mucho ver cómo celebró nuestro triunfo en el Mundial.
Antonio asintió lentamente, recordando.
—Fue el día más feliz de mi vida. Ver a Argentina campeona del mundo, ver tu cara levantando la copa después de tanto esfuerzo, de tantas decepciones…
Durante la siguiente media hora hablaron de fútbol, de Argentina, de sueños y sacrificios. No como una estrella y un fan, sino como 2 compatriotas unidos por el amor a una camiseta, a unos colores, a un sentimiento.
Antes de despedirse, Messi firmó una camiseta del Inter Miami para Antonio y se tomaron una fotografía juntos.
—Gracias por venir desde tan lejos —dijo Messi—. Fans como usted son los que hacen que todo valga la pena.