Tasha no se movió.

No era una sonrisa de resignación.

Era una sonrisa peligrosa.

Calculada.

Como la de alguien que ya había decidido lo que iba a pasar después.

—Error —murmuró—. Un error muy grande.

Se metió la mano en el bolsillo interno de su chaqueta y sacó un pequeño dispositivo negro. No era un teléfono común. Era más pesado, más robusto, con un sistema cifrado que no cualquier persona podía usar.

Presionó un botón.

La pantalla se iluminó.

Una sola línea apareció:

**COMANDO CENTRAL — CANAL SEGURO**

Tasha presionó para activar transmisión.

—Aquí Comandante Mitchell —dijo, su voz ahora completamente distinta, firme, autoritaria—. Código negro. Repito, código negro. Solicito intervención inmediata.

Hubo un silencio de dos segundos.

Luego, una voz respondió.

—Confirmado, comandante. Ubicación.