Salí a “comprar” y desaparecí para siempre. A mis 69 años dejé de ser su sirvienta.

Mi hijo…

ni siquiera levantó la vista del teléfono.

Y mi nieto…

me llamó:

—¡Abuela, ven! Quiero jugo.

Me quedé de pie en la cocina.

Con las manos mojadas.

Y el corazón…

vacío.

💔 La frase que lo cambió todo

—¿Alguna vez pensaron en mí? —pregunté en voz baja.