—¿Podemos dormir en el establo, señora? Hace mucho frío —preguntó el padre… Y las palabras de la joven lo conmovieron hasta las lágrimas.

Rafael—no, Tomás; careful consistency. Tomás venía del corral y al ver el rostro pálido de Elena, corrió a colocarse a su lado.

—¿Qué quieren? —preguntó ella, sin invitarlos a entrar.

Eusebio sonrió con la falsedad de quien ya se siente vencedor.

—Venimos a arreglar un asunto de familia. Resulta que estas tierras no pueden seguir en manos de una mujer sola. Hemos revisado papeles viejos. Hay una cláusula en la sucesión que permite a los varones de la familia pedir la administración si no hay marido legítimo que responda por el rancho.

Elena sintió que se le helaban las piernas.

—Eso es absurdo.

—Legal, sobrina —corrigió Ramiro—. Y además te presentas de pronto con un hombre desconocido y dos criaturas, diciendo que vas a casarte. Huele a farsa.

Tomás dio un paso al frente.

—No se atreva a hablar así.

—¿Y tú quién eres? —escupió Eusebio—. Un aparecido sin tierras, sin apellido que valga, sin nada que ofrecer. ¿Cómo sabemos que no vienes por el rancho?

—Porque yo lo invité —dijo Elena, encendida—. Porque ha trabajado estas tierras más que cualquiera de ustedes en toda su vida.

Pero el licenciado ya sacaba documentos.

—Si no aceptan que la familia asuma la administración, esto se va al juzgado.

Cuando los hombres se fueron, Elena se desplomó en una silla.

—La ley puede ponerse de su lado —susurró—. En este país, una mujer sola casi nunca gana.

Tomás le tomó las manos.

—Entonces pelearemos.

Y pelearon.

Recorrieron ranchos vecinos pidiendo testimonios. Doña Candelaria fue la primera en firmar. Luego el señor Jacinto, luego don Laureano, luego media comarca entera, todos dispuestos a declarar que Elena había sostenido las tierras sola durante años y que Tomás había llegado a trabajar, no a aprovecharse.

El abogado del pueblo aceptó representarlos a cambio de pago futuro.

—Será difícil —advirtió—. Pero si el juez ve que la hacienda produce y que el compromiso entre ustedes es verdadero, tenemos oportunidad.

Tres días antes de la audiencia, bajo una lluvia fina que convertía el patio en barro, Tomás encontró a Elena en la cocina preparando café.

Ella lo miró, los ojos brillantes pero serenos.