—¿Podemos dormir en el establo, señora? Hace mucho frío —preguntó el padre… Y las palabras de la joven lo conmovieron hasta las lágrimas.

—El granero está detrás de la casa —respondió, marcando distancia—. Hay paja limpia y unas cobijas viejas en un rincón. Pueden quedarse ahí hasta que amanezca.

El hombre inclinó la cabeza.

—Dios se lo pague.

Desapareció entre la niebla con los niños apretados contra el pecho, y Elena cerró la puerta intentando convencerse de que había hecho suficiente.

Sirvió el café tibio que quedaba en la olla y se sentó a la mesa de madera donde tantas veces había visto a sus padres hablar de cosechas, lluvias y deudas. La casa estaba demasiado callada, como siempre desde que ambos murieron.

Miró hacia la ventana, en dirección al granero.

El viento silbaba entre las tablas.

Pensó en los bebés.

Pensó en sus manos pequeñas, en sus mejillas frías, en el modo en que el hombre los protegía con su propio cuerpo.

Intentó dormir. No pudo.

Se revolvía entre las sábanas imaginándolos tirados sobre la paja húmeda mientras la noche se volvía más helada. Al final, con un suspiro de fastidio contra sí misma, se puso el rebozo, tomó la lámpara y salió.

El granero olía a heno y tierra.

El hombre estaba sentado en el suelo, con los gemelos en el regazo, cubriéndolos con su abrigo gastado. Cuando la vio entrar, se incorporó de inmediato.

—Señora…

—Levántese —dijo Elena, con una firmeza que apenas escondía la compasión—. Traiga a los niños a la casa. Está demasiado frío aquí. No voy a dormir sabiendo que dos criaturas están helándose en mi granero.

Los ojos del hombre se llenaron de agua. Quiso responder, pero solo asintió.

Minutos después, el calor del fogón los envolvió. Elena preparó una cama improvisada en la sala, con cobijas limpias y almohadas viejas. El hombre acostó a los niños con un cuidado reverente, como si el mundo entero dependiera de ese gesto.

Antes de cerrar la puerta de su cuarto, Elena volvió a mirar.

Los tres estaban por fin en paz.

Y esa noche, por primera vez en mucho tiempo, ella también logró dormir sin sentir la casa tan vacía.