NIÑO ENCUENTRA CABALLO ENCADENADO EN EL DESIERTO… PERO NO ERA UN CABALLO COMÚN…

El vecino que tenía algunas herramientas. Don Manuel, ¿puedo pedirle prestada una herramienta? ¿Qué herramienta, muchacho? Algo que corte hierro, como una lima o una mordaza. Don Manuel, un hombre de unos 60 años con cabello blanco y manos callosas, miró a Diego con curiosidad. ¿Para qué quieres cortar hierro? Diego pensó rápido en una mentira, pero decidió contar parte de la verdad. Encontré un animal atrapado en una cadena y quiero soltarlo. Animal. ¿Qué animal? Un un perro está abandonado y con hambre.

Don Manuel se rascó la barba y tomó una lima vieja y una pequeña mordaza. Toma, pero tráelas de vuelta antes del mediodía y ten cuidado de no lastimarte. Gracias, don Manuel. Diego corrió hacia las piedras con las herramientas en la mano. Cuando llegó, el caballo levantó la cabeza e hizo aquel sonido de alegría que ya empezaba a ser familiar. “Hoy te voy a soltar”, dijo Diego arrodillándose cerca de la cadena. Pero cuando comenzó a limar el hierro, Diego se dio cuenta de que le tomaría mucho más tiempo del que pensaba.

La cadena era gruesa y la lima vieja cortaba muy despacio. Después de una hora intentándolo, solo había logrado hacer unas pequeñas marcas en el metal. “Esto va a llevar días”, murmuró Diego limpiándose el sudor de la frente. El caballo parecía entender la dificultad y apoyó su hocico en la mano del niño, como si dijera que no tenía prisa. Diego pasó toda la mañana trabajando en la cadena, deteniéndose solo para dar agua y cariño al caballo. Cuando el sol se puso muy fuerte, tuvo que parar y volver a casa para devolver las herramientas.

¿Cómo te fue con el perro?, preguntó don Manuel cuando Diego devolvió la lima y la mordaza. Todavía no he podido soltarlo, pero seguiré intentando. Si necesitas ayuda, solo avísame. Diego agradeció y volvió corriendo a casa, donde encontró a su madre. preparando el almuerzo con cara de preocupación. ¿Dónde estabas, Diego? Jugando con los muchachos. ¿Qué juego es ese que toma tanto tiempo? Estábamos explorando las piedras. Doña Rosa miró profundamente a los ojos de su hijo, como si supiera que estaba escondiendo algo, pero no dijo nada.