NIÑO ENCUENTRA CABALLO ENCADENADO EN EL DESIERTO… PERO NO ERA UN CABALLO COMÚN…

Niño encuentra caballo encadenado en el desierto, pero no era un caballo común. Diego Ramírez caminaba por la mañana en busca de ramas secas cuando escuchó un sonido débil que venía de las piedras distantes. El niño de 12 años se detuvo secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano sucia de tierra. Su familia necesitaba la leña para cocinar el almuerzo, pero aquel gemido bajo lo dejó curioso. Cuando se acercó a las rocas esparcidas por el terreno árido, Diego sintió el corazón apretarse en el pecho.

Un caballo demasiado flaco estaba acostado entre las piedras con una cadena pesada sujeta al cuello. El animal tenía los ojos abiertos, uno azul como el cielo y otro café como la tierra seca y una marca extraña en la frente que parecía un dibujo hecho con hierro caliente. “Dios mío”, susurró Diego agachándose lentamente para no asustar al animal. El caballo giró la cabeza hacia el niño e hizo un sonidito bajo, como si estuviera pidiendo ayuda. Diego vio que las costillas del animal se notaban bajo el pelaje oscuro y que sus patas tenían marcas rojas donde la cadena lo había lastimado.

¿Quién te hizo esto?, preguntó Diego extendiendo su mano pequeña hacia el hocico del caballo. El animal olió sus dedos y apoyó el hocico en la palma de la mano del niño. Diego sintió que aquellos ojos diferentes estaban suplicando por auxilio y su corazón de niño no pudo ignorar aquella petición silenciosa. Diego intentó jalar la cadena, pero era demasiado pesada para sus manos pequeñas. El eslabón que sujetaba al animal estaba soldado a una argolla de hierro clavada en una piedra grande.