Se veían felices, se veían triunfantes, se estaban riendo. Probablemente bromeaban sobre lo fácil que fue deshacerse de la vieja. Ya verás qué bien nos la pasamos sin ella. Imaginé que decía Carla, con lo que nos ahorramos en sus comidas podemos ir a comprar a las galerías La Fallet.
Sentí una punzada de dolor. No lo voy a negar. Es mi hijo. Es el niño que yo acuné, al que le curé las rodillas raspadas, al que le enseñé a respetar a los mayores.
¿Qué hice mal? ¿Fue el exceso de amor? ¿Fue darle todo lo que yo no tuve? Quizás mi error fue convertirme en su red de seguridad eterna, impidiendo que aprendiera a caer y levantarse solo.
Pero el dolor dio paso rápidamente a la frialdad del estratega. Miré mi reloj. Faltaban 10 minutos para que iniciara el abordaje. Saqué de mi bolso un pequeño cuaderno de notas que siempre llevo conmigo.
Es un hábito de maestra, anotar todo. Abrí una página nueva y escribí la fecha. Luego escribí Operación París, la lección final. Me puse a evaluar mis recursos con la mente fría.
Uno, el boleto. Yo tengo un asiento en business class, fila 2A. Ellos tenían 2 C y 2D. Esos asientos ahora estaban vacíos en el sistema. Dos, el equipaje. Mi maleta roja estaba facturada a nombre de Roberto.
Cuando lo detuvieran, tendrían que bajar todas las maletas ligadas a su reserva. Eso significaba que mi maleta también bajaría. No podría recuperarla hoy sin cancelar mi propio viaje. Tres. El destino.
París, un lugar que conozco solo por los libros, pero que he recorrido mil veces en mi imaginación. podía irme yo sola. A los 71 años, sin mi ropa, a un país extraño, miré mis zapatos ortopédicos cómodos, miré mi abrigo caliente.
Toqué el dinero en mi cintura. Suficiente. ¿Por qué no? Susurré. La idea era aterradora y embriagadora a la vez. Siempre pensé que necesitaba a Roberto para viajar. Mamá, tú no sabes inglés.
Mamá, te vas a perder en el metro. Me habían convencido de mi propia inutilidad, pero pensándolo bien, ¿quién organizaba las excursiones escolares para 200 alumnos? Yo. ¿Quién manejó las finanzas de la casa cuando mi esposo enfermó?