Mi Hijo Me Mandó Al Rancho Para Sacarme De Mi Casa De Playa Y Darle Mi Lugar A Su Suegra, Pero Cuando Llegó Con Sus Maletas, Descubrió Que Yo Ya Había Vendido La Casa Y Guardaba Un Secreto…

Se me apretó el estómago.

—¿Y tú qué piensas?

Sofía se encogió de hombros.

—Yo pienso que cuando estás loca, no haces tortillas derechitas.

A veces los niños ven más claro que los adultos.

Esa noche, cuando ya estaban dormidos, me llamó Alfonso.

—Mamá, ¿llegaron bien?

—Llegaron. ¿Cuándo vienes por ellos?

Silencio.

—Pensábamos que tal vez podrían quedarse una o dos semanas.

—¿Pensábamos quién?

—Isabel y yo.

Ahí estaba otra vez el plural que escondía la cobardía.

—¿Y para qué se van a quedar una o dos semanas?

—Necesitamos tiempo para resolver asuntos… financieros. Legales también.

La sangre se me enfrió.

—¿Legales?

—Mamá, no empieces. Solo digo que hay preocupación. Lo que hiciste con la casa, tu forma de reaccionar… hay personas que creen que quizá—

—¿Que quizá qué, Alfonso?

No contestó enseguida. Lo escuché respirar.

—Que quizá no estás tomando las mejores decisiones.

Cerré los ojos.

Ya no era duda. Ya no era sospecha. Ya no era Isabel sembrando veneno a solas. Ahora mi hijo estaba usando a mis nietos como puente emocional mientras del otro lado cocinaban cómo declararme incapaz.

—¿Dónde está Isabel? —pregunté.

—En la casa.

—¿Haciendo qué?

Otra pausa.

—Haciendo llamadas.

Colgué.

Esa misma noche llamé a dos personas: a un abogado de derecho familiar en Guadalajara y a David Montenegro, un investigador privado que años atrás me ayudó a descubrir que el contador de Rodolfo andaba desviando dinero.

—Necesito que investigues a mi nuera —le dije a David—. Todo. Deudas, movimientos raros, abogados, lo que sea.

—¿Qué tan urgente?

—Urgente como para salvar a mis nietos de crecer en una casa llena de manipulación.

David resopló del otro lado.

—En cuarenta y ocho horas te digo qué encuentro.

No pasaron cuarenta y ocho. Pasaron treinta y seis.

Me llamó el viernes al mediodía, cuando yo estaba haciendo sopa de fideo para los niños.

—Viviana, encontré algo feo.