Pero sus sobrinos, Rodrigo y Fernanda, ellos no saben. Saben que la casa existe, saben que está abandonada y chueca, pero creen que solo es una propiedad vieja sin valor. Mi abuelo fue muy astuto, nunca registró el contenido del cuarto en ningún inventario oficial. Para el mundo, esas cosas no existen y yo mantuve ese secreto durante más de 20 años. Isabela sintió un mareo repentino. Esto no podía estar pasando. No podía ser real. ¿Por qué? Preguntó con voz temblorosa.
¿Por qué me está contando esto? ¿Por qué me dio la casa con todo lo que hay dentro? Doña Estela la miró con esos ojos grises penetrantes, pero esta vez había ternura en ellos y tristeza profunda. Porque no tengo a nadie más en quien confiar. Mi esposo murió hace 22 años. Mi hijo vive en Monterrey y solo me visita por obligación. Sus sobrinos solo esperan que me muera para repartirse lo poco que creen que tengo. Estoy sola, Isabela, completamente sola.
Su voz se quebró. Pero luego te vi trabajar. Te vi soportar las humillaciones con dignidad. Te vi amar a tus hijos con una fuerza que yo nunca tuve. Y cuando te lanzaste al lago sin pensarlo para salvar a mi nieto, supe que eras la persona correcta, la única persona que merecía esto. Yo no no puedo aceptar esto dijo Isabela levantándose bruscamente. Es demasiado. Yo solo hice lo que cualquier persona decente habría hecho. No merezco una fortuna por eso.
No es por eso insistió doña Estela también poniéndose de pie. es por quién eres, por cómo has vivido tu vida incluso en la peor adversidad y porque sé que vas a usar esa fortuna para algo bueno, para tus hijos, para darles la vida que merecen. Isabela quería discutir, quería negarse, pero las palabras no salían porque en el fondo de su corazón sabía que esta oportunidad era un milagro, una segunda oportunidad que la vida le estaba dando después de tanto sufrimiento.
Doña Estela puso la llave en la palma de su mano y cerró los dedos de Isabela alrededor de ella. Abre el cuarto cuando estés lista. Tómate tu tiempo. No tienes que decidir nada ahora, pero quiero que sepas que todo lo que hay ahí dentro es legalmente tuyo. Las escrituras de la casa incluyen el contenido. Está protegido por leyes de herencia que nadie puede tocar, ni siquiera mis sobrinos, aunque lo intenten. Y usted, usted no necesita nada de eso.