El mundo no se rompió de inmediato.
Pero algo dentro de mí… empezó a moverse.
Algo que ya no estaba dispuesto a quedarse callado.

Algo dentro de mí se tensó. No fue un estallido inmediato. Fue más bien como una cuerda que había sido jalada durante años… y que, en ese instante, dejó de ceder.
No respondí de inmediato.
Solo la miré.
Y por primera vez, no bajé la cabeza.