Amiga, ¿estás bien?
¿Qué pasó? Dicen que aventaste el anillo a la cara del novio.
Siempre se supo que esa familia era horrenda.
Qué necesidad de hacer circo.
Te apoyamos.
Segurito te arrepentiste porque te hicieron firmar prenup.
Eres una reina.
Trepa corriente.
Bloqueé, silencié, archivé. Guardé capturas. Tal como me diría Sofía.
A las ocho en punto sonó el timbre. Era ella, con dos cafés, una bolsa de pan dulce y una carpeta gruesa bajo el brazo.
—Buenos días, supervivientes.
Se instaló en el comedor como si fuera su oficina principal.
—La buena noticia es que todavía ningún medio grande tiene versión oficial —dijo, sacando papeles—. La mala es que en redes ya eres tendencia local. Hay videos desde tres ángulos, por si te interesa el dato cinematográfico.
—No me interesa —dije.
—Excelente respuesta. Entonces vamos a lo útil.
Abrió la carpeta. Adentro venía el borrador de la nulidad, el comunicado ya listo para publicar, y varias hojas con notas legales.
—Primero: publicamos esto en tus redes dentro de una hora. Segundo: no contestas una sola llamada. Tercero: yo le voy a escribir a los De la Torre proponiendo una salida rápida y discreta. Cuarto: necesito toda la documentación que tengas de la relación.
—¿Documentación? —preguntó mi mamá, ya despierta y sentada con una taza de té.
—Mensajes donde minimiza, correos donde condicionan, cambios de proveedores por capricho de la suegra, todo lo que muestre una dinámica de presión —respondió Sofía—. Y, Claudia, también quiero lo del amigo financiero.
Mi papá levantó la vista.
—¿Qué amigo financiero?
Me quedé callada un momento. No porque quisiera ocultarles nada ya, sino porque me daba un poco de vergüenza poner en voz alta en qué me había convertido en los últimos meses.