LA FAMILIA RICA DE MI EXMARIDO ME ECHÓ AGUA HELADA ENCIMA EN PLENA CENA… NO TENÍAN IDEA DE QUE YO ERA LA DUEÑA SECRETA DE LA EMPRESA MILLONARIA PARA LA QUE TRABAJABAN

Denso.

Como si el aire mismo supiera que algo irreversible acababa de ponerse en marcha.

Yo no me moví.

No necesitaba hacerlo.

Por primera vez desde que entré a esa casa, el poder no estaba en sus risas, ni en su dinero, ni en su apellido.

Estaba en mi voz.

En una sola orden.

“Arturo,” dije sin apartar la mirada de Bruno. “Quiero que todo se ejecute en simultáneo. Sin advertencias.”

“Entendido,” respondió él. “Cinco minutos.”

Cinco minutos.

Eso fue todo lo que les quedaba.

Bruno se rió… pero ya no era la misma risa.

Había algo nervioso, quebrado.

“¿De verdad crees que puedes asustarnos con una llamada?” dijo, intentando recuperar el control. “Camila, no tienes nada.”

Lo miré con calma.

“Eso creías tú.”

Diana dejó la copa sobre la mesa con un pequeño golpe.

“Ya basta de teatro,” dijo. “Bruno, sácala de mi casa.”

Mi casa.

Casi sonreí.

Valeria cruzó los brazos, aunque sus dedos temblaban ligeramente.

“Esto es ridículo,” murmuró. “Está loca.”

No respondí.

Solo esperé.

Y entonces…

El primer teléfono sonó.

No el mío.

El de Bruno.

Miró la pantalla y frunció el ceño.