LA ESTUDIANTE POBRE QUE SE SUBIÓ AL AUTO EQUIVOCADO… SIN SABER QUE ERA DE UN BILLONARIO

Camila llevaba dos turnos seguidos en la cafetería, tres exámenes encima y apenas cuatro horas de sueño en dos días. Estaba agotada. Cuando vio el Uber negro estacionado frente a la biblioteca de la UNAM a las 11 de la noche, simplemente se subió sin revisar las placas.

El asiento trasero era cómodo… demasiado cómodo para ser Uber, pero estaba tan cansada que no cuestionó nada. Cerró los ojos “solo un segundo” y despertó al escuchar una voz masculina, divertida.

—¿Siempre te metes en autos ajenos o soy especial?

Camila abrió los ojos.

El hombre estaba sentado junto a ella.

Traje caro. Cara de portada de revista. Cabello oscuro perfectamente acomodado. Sonrisa sarcástica.

Y definitivamente no era conductor de Uber.