LA DEJÓ POR OTRA… PERO CUANDO LA VIO FELIZ CON UN HOMBRE MAYOR, PERDIÓ EL CONTROL…

A su lado, Renata Villalba, elegante como siempre, miraba el lugar con expresión de leve disgusto. El corazón de Daniela dio un vuelco. ¿Cocidencia? ¿O la habían seguido? No había manera de que supieran dónde trabajaba ahora.

¿O sí? Mauricio la vio. Sus ojos se encontraron. Una sonrisa lenta, casi depredadora, se formó en sus labios. Tomó a Renata del brazo y se dirigió directamente hacia Daniela. “Qué sorpresa encontrarte aquí”, dijo Mauricio con falsa cordialidad.

“No sabía que tenías experiencia como mesera”. El desprecio en su voz era evidente. Renata la miraba con una mezcla de superioridad y curiosidad malsana. Daniela sintió que su rostro ardía no de vergüenza, sino de rabia contenida.

Todos los números, todas las mentiras que había descubierto la noche anterior parecían brillar entre ellos como un secreto explosivo. “¿Podemos sentarnos aquí?”, preguntó Mauricio señalando una mesa cercana a donde estaba Alonso.

El servicio debe ser interesante. El encuentro que Daniela temía había llegado y era mucho peor de lo que había imaginado, porque ahora sabía exactamente quién era Mauricio Gálvez y lo que había hecho.

La pregunta era, ¿qué haría ella con esa información? La presencia de Mauricio y Renata en el café era como un cristal roto en un concierto, disruptiva, incómoda, imposible de ignorar.

Daniela respiró profundamente, enderezó su postura y se acercó a la mesa donde la pareja acababa de sentarse. Consciente de que todas las miradas estaban sobre ella, incluida la de Alonso Cárdenas desde su rincón.

“Bienvenidos a Café Luminare”, dijo con voz serena. ¿Qué puedo servirles? Mauricio la miró con una sonrisa condescendiente que no llegaba a sus ojos. Daniela, qué interesante verte así. Su tono destilaba falsa preocupación.

De ejecutiva a mesera en una semana. La vida da muchas vueltas, ¿no? Renata soltó una risita mal disimulada mientras examinaba el lugar con desdén. No sabía que frecuentabas estos sitios, Mauricio”, comentó lo suficientemente alto para que todos escucharan.

Es tan pintoresco. Daniela mantuvo su expresión neutra, su libreta lista. “¿Qué van a ordenar?”, preguntó nuevamente. Ignorando el comentario. Mauricio se reclinó en su silla, disfrutando visiblemente del momento. “¿Sabes?

Realmente me sorprende verte tan conformista”, continuó. Aceptar este trabajo después de donde estabas, ¿no te parece un poco degradante? Carmen desde la barra observaba con preocupación. Otros clientes comenzaban a notar la tensión.

Daniela miró directamente a Mauricio sin elevar la voz, pero con una firmeza que sorprendió incluso a ella misma. Lo degradante no es el trabajo honesto, sino manipular números y falsificar firmas”, dijo con precisión quirúrgica.

El rostro de Mauricio se tensó visiblemente. Renata lo miró confundida. ¿De qué está hablando? Preguntó Renata. De nada. Cortó Mauricio recuperando su sonrisa falsa. Un malentendido laboral. Nada importante se volvió hacia Daniela con mirada endurecida.