Dos látem, ordenó secamente, “Y asegúrate de que los vasos estén limpios.” Daniela asintió levemente y se dirigió a la barra. Sus manos temblaban ligeramente, pero no de miedo. Era adrenalina pura.
Mientras preparaba las bebidas, sentía la mirada de Mauricio sobre ella, no para admirarla como antes, sino para intimidarla, para recordarle su nuevo lugar en la jerarquía que él había establecido.
Carmen se acercó discretamente. Todo bien, susurró. Puedo atenderlos yo si prefieres. Estoy bien, respondió Daniela con calma. Prefiero hacerlo yo. Cuando regresó con los láes perfectamente preparados, Mauricio y Renata hablaban en voz baja.
Se detuvieron abruptamente al verla. “Dos lát”, dijo Daniela, colocando las tazas sobre la mesa. “¿Algo más? Así que este es tu nuevo ambiente”, comentó Renata mirando alrededor con desdén. “Debe ser tan diferente a lo que estabas acostumbrada, aunque pensándolo bien, quizás este lugar sea más acorde a tu origen.” El insulto velado era claro, una referencia directa a lo que Mauricio le había dicho aquella noche.
Es cuestión de origen, de círculos sociales, de apellidos. Daniela colocó la cuenta sobre la mesa con elegante precisión. Lo fascinante de los orígenes respondió con voz tranquila. Es que no determinan los finales.
Les deseo un buen día. Se giró y se alejó, dejando a Renata con la boca ligeramente abierta. No era la reacción que esperaban. No había lágrimas, ni vergüenza, ni súplicas.
Desde su mesa, Alonso observaba todo con atención. No había intervenido, pero sus ojos seguían cada movimiento, cada palabra, cada reacción. Como un juez silencioso, Mauricio notó su mirada. Por primera vez pareció consciente de la presencia del hombre mayor.
Sus ojos se encontraron brevemente y algo en la calma evaluativa de Alonso lo incomodó visiblemente. ¿Quién es ese tipo?, preguntó a Renata inclinándose hacia ella. Renata miró disimuladamente hacia Alonso.
No tengo idea, un viejo cualquiera. Pero Mauricio no parecía convencido. Había algo en la forma en que el hombre lo había mirado, algo que sugería conocimiento, juicio. Terminaron sus bebidas rápidamente.
Mauricio dejó un billete grande sobre la mesa, un gesto ostentoso de riqueza. Quédate con el cambio”, dijo con falsa generosidad cuando Daniela pasó cerca. “Seguro lo necesitas más que yo.” Daniela lo miró directamente a los ojos.