LA DEJÓ POR OTRA… PERO CUANDO LA VIO FELIZ CON UN HOMBRE MAYOR, PERDIÓ EL CONTROL…

La mañana transcurrió igual que el día anterior. Clientes, órdenes, la rutina del café que comenzaba a aprender, pero su mente estaba dividida. Parte en su trabajo, parte en los números que había estudiado toda la noche.

A las 10 en punto, la campanilla de la puerta anunció la llegada de Alonso Cárdenas. Como prometió, había vuelto. Eligió la misma mesa junto a la ventana. Llevaba un libro diferente hoy.

Buenos días, saludó Daniela. acercándose. Lo mismo de ayer. Buenos días, Daniela, respondió él usando su nombre como si fueran viejos conocidos. Sí, un americano sin azúcar, por favor. Mientras preparaba el café, Daniel anotó que había algo diferente en ella hoy, una especie de claridad que no tenía ayer.

La noche estudiando los documentos, le había dado un propósito, una dirección. le llevó el café a Alonso, quien cerró su libro para agradecerle. “No dormiste bien”, observó él. No era una pregunta ni una crítica, solo una observación.

“Tenía cosas que resolver”, respondió ella. “¿Y las resolviste?”, preguntó él tomando un sorbo de café. “Estoy en ello”, dijo Daniela con una pequeña sonrisa. Alonso asintió como aprobando su determinación.

A veces los números cuentan historias más honestas que las personas”, comentó señalando su libro que notó Daniela era sobre análisis financiero corporativo. “¿Cómo?” comenzó ella, sorprendida por la coincidencia con sus pensamientos.

“Simple observación”, respondió él. “Tus manos tienen la precisión de quien trabaja con datos, no con tasas.” Y anoche claramente estuviste analizando algo importante, no lamentando una pérdida. La perspicacia de Alonso era desconcertante.

Por un momento, Daniela se preguntó si debería preocuparse. Era demasiado transparente o él era excepcionalmente observador. Trabajaba en finanzas corporativas, admitió finalmente. Hasta hace tr días. Un cambio significativo comentó él.

No fue por elección. Las palabras salieron antes de que pudiera contenerlas. Alonso no mostró sorpresa ni curiosidad morbosa, solo asintió levemente. “Pocos cambios importantes lo son”, dijo con calma. “La verdadera elección viene después.

¿En cómo respondemos?” Antes de que Daniela pudiera responder, la campanilla de la puerta sonó nuevamente. Por instinto giró para ver quién entraba. El mundo pareció detenerse. Mauricio Gálvez estaba en la puerta del café, impecablemente vestido con un traje que costaba más que tr meses de su nuevo salario.