Con determinación renovada, Daniela encendió su computadora. La noche sería larga, pero cada número, cada documento era un paso hacia algo que comenzaba a tomar forma en su mente. No sabía exactamente qué era todavía, pero por primera vez en días sentía que estaba avanzando.
La luz de la pantalla iluminaba el rostro de Daniela mientras sus dedos se movían metódicamente sobre el teclado. Era pasada la medianoche, pero el sueño no era una opción, ¿no?
cuando cada archivo que revisaba revelaba un patrón más claro. Mauricio no solo había inflado números ocasionalmente, había construido una elaborada red de informes falsificados durante al menos dos años, ingresos exagerados, gastos maquillados, proyecciones alteradas sistemáticamente y todo llevaba su firma digital como ejecutivo de desarrollo.
Daniela tomaba notas detalladas creando una línea de tiempo que mostraba cómo las manipulaciones habían comenzado siendo sutiles y se habían vuelto más audaces con el paso de los meses. Su teléfono sonó sobresaltándola.
¿Quién llamaría a la 1 de la madrugada? El número era desconocido. Diga, respondió con cautela. Señorita Torres, le hablo de cobro inmediato. S. A. La voz masculina sonaba monótona, como quien ha repetido el mismo discurso cientos de veces.
Representamos al Banco Nacional en relación a su préstamo vencido de 200,000 pesos. El estómago de Daniela se contrajo. Los cobradores ya estaban tras ella. “Ese préstamo no es mío”, respondió con firmeza.
“Mi firma fue falsificada. Estoy en proceso de señorita, hemos escuchado todo tipo de excusas, interrumpió el hombre. Los documentos tienen su firma debidamente notariada. Si no comienza a pagar en los próximos tr días, iniciaremos un proceso legal que podría resultar en el embargo de sus bienes.
No pueden embargar lo que no tengo, respondió Daniela, sorprendiéndose de su propia audacia. Todo el mundo tiene algo que perder. La amenaza velada era clara. Le recomiendo que reconsidere su posición.
Buenos días. La llamada terminó. Daniela se quedó mirando el teléfono, sintiendo como el peso de la deuda se asentaba más profundamente sobre sus hombros. 200,000 pesos, una cantidad que tardaría años en pagar con su salario actual.
Pero en lugar de hundirla, la presión solo fortaleció su determinación. Volvió a la pantalla. a los números que contaban una historia de fraude sistemático. Shar Mauricio falsificó mi firma una vez, pudo hacerlo más veces.
Pensó revisando nuevamente los documentos del préstamo. Algo llamó su atención, la fecha del notario. El día que supuestamente ella había firmado como aval, coincidía con un viaje de trabajo que había hecho a Guadalajara.
tenía los boletos de avión, las facturas del hotel, incluso fotos fechadas que probaban que no estaba en Monterrey ese día. Era una pequeña victoria en medio del caos, una prueba concreta de la falsificación.
Guardó todos los archivos en múltiples lugares, su computadora, la nube, una nueva memoria USB. No cometería el error de tener una sola copia. Cuando finalmente se acostó, el amanecer comenzaba a asomar.
Durmió apenas 3 horas antes de que la alarma la despertara para su segundo día en el café. “Pareces cansada”, comentó Carmen cuando Daniela llegó. “Mala noche”, respondió simplemente atándose el delantal.