Juan Gabriel no podía creer lo que estaba viendo cuando sus ojos se fijaron en un anciano de cabello blanco sentado en la segunda fila del Auditorio Nacional. Era octubre de 1995 y estaba en medio de Amor Eterno, una de sus canciones más emotivas frente a casi 10,000 personas. continuó cantando, pero comenzó a bajar lentamente las escaleras del escenario, sin dejar de mirar al anciano que lo observaba con lágrimas corriendo por su rostro arrugado. La banda seguía tocando mientras él se acercaba a la segunda fila, con la voz cada vez más quebrada hasta que dejó de cantar por completo.
Aunque los músicos continuaron. Las personas en las primeras filas se dieron cuenta de que algo extraordinario estaba sucediendo. Cuando llegó frente al anciano, lo abrazó con tanta fuerza que ambos temblaban aún sosteniendo el micrófono en su mano derecha. El público quedaba en completo silencio tratando de entender qué estaba pasando mientras los dos hombres se abrazaban llorando. 25 años atrás, en abril de 1970, un joven, Alberto Aguilera, de 20 años había entrado a la prisión de Lecumberry, acusado falsamente de haber robado joyas y un radio en una fiesta donde había cantado.