Lo trasladaron en una julia junto a otros cinco detenidos y cuando llegó al penal sintió que entraba a un lugar del que nunca saldría. Lo llevaron al dormitorio H donde ponían a los presos sin sentencia definitiva, un lugar donde la violencia era parte de la rutina diaria. Le quitaron todas sus pertenencias durante el registro de entrada, quedándose solo con la ropa que traía puesta, sin dinero para comprar protección ni familia cercana que pudiera visitarlo. Alberto estaba completamente vulnerable.
Durante sus primeras noches escuchó gritos de otros internos, peleas en los pasillos y amenazas constantes de quienes ya habían identificado su debilidad. Lloraba en su celda cada noche, pensando que nunca saldría de ese lugar sin haber cumplido su sueño de grabar una sola canción. Don Roberto Medina era un guardia de 52 años que llevaba 23 años trabajando en Lecumberry viendo pasar lo peor de la sociedad mexicana. Había presenciado motines violentos. Había visto presos heridos gravemente en los pasillos.
Había sido testigo de como el sistema penitenciario destruía a personas inocentes junto con los culpables. Conocía perfectamente la corrupción del lugar donde guardias vendían protección y privilegios a los presos con dinero. Había aprendido a mantener distancia emocional de los internos porque involucrarse demasiado solo traía problemas con las autoridades y con los presos poderosos. Pero la tercera noche después de que Alberto llegara algo en el muchacho, lo conmovió de una forma que no esperaba. Lo encontró llorando en un rincón del patio, completamente solo, mientras otros presos se acercaban burlándose de él por su aspecto frágil y asustado.
Don Roberto dispersó a los presos con autoridad, ordenándoles regresar a sus celdas. Luego le dijo a Alberto que lo acompañara a una oficina de interrogatorio apartada del patio donde podían hablar sin que otros lo vieran. Una vez a Solas le preguntó cómo un muchacho tan joven había terminado en ese lugar. Alberto le contó entre soyosos toda su historia, que había llegado de Ciudad Juárez buscando oportunidades en la música, que trabajaba cantando en fiestas privadas por 50 pesos, que esa noche se había quedado dormido en un sofá después de cantar.