El hombre, en silencio, tomó su mano.
—Cuando te vimos… —dijo él— no vimos pobreza. Vimos una oportunidad.
—¿Oportunidad? —pregunté.
—De hacer algo bien… esta vez.
El ofrecimiento
Pensé que eso era todo.
Que solo querían contarme.
Pero no.
La mujer sacó un papel.
—Tenemos un pequeño negocio —dijo—. Una lavandería… más grande… en otra zona.
Mi corazón empezó a latir más rápido.