La mujer de pelo blanco.
El hombre con bastón.
Tal como los recordaba.
Pero esta vez…
no eran desconocidos.
La verdad que no esperaba
Nos sentamos.
Y sin rodeos, ella me miró a los ojos.
—Perdimos a nuestra hija hace años —dijo.
Sentí que el aire se detenía.
—Tenía tu edad… —continuó—. Y también tenía un bebé.
Miré al mío.
—No pudimos ayudarla a tiempo —susurró—. Y eso… es algo que nunca se va.