Juan se levantó.
“Mi mamá lo hizo por mí, para asegurar mi futuro”.
Yo reí sin ganas.
“¿Con el dolor de mi madre como moneda?”
Juan dio un paso hacia mí.
“Tú no entiendes cómo es mi familia”.
Alejandra lo cortó.
“Lo entiendo perfecto. Por eso hay que actuar rápido. Silvia no firmará nada y Valeria debe decidir si sigue vinculada a este riesgo”.
Esa frase me atravesó.
Salimos de la oficina con una carpeta de copias certificadas y una cita para denunciar amenazas. En la calle, Juan me tomó del brazo.
“Por favor, no hagas esto público”.
Le quité la mano.
“Te preocupa el escándalo, ¿no? ¿Mi madre?”
Juan apretó los labios.
“Me preocupa perderlo todo”.
Yo lo miré fija.
“Lo todo que tienes viene de una mentira”.
Juan susurró:
“No fue mi intención”.
Pero ya era tarde.
Mientras discutíamos, sonó el celular de mi madre. Número desconocido. Contestó y su rostro cambió.
“¿Qué pasó?”, pregunté.
Mi madre tapó el micrófono.