h1 30 minutos antes del “sí, quiero”, mi suegra se reía de mi madre… “¡Díganle que se bañe!” Nadie sabía que mi madre era la…

“Es Dora”.

Me ardió la sangre. Mi madre puso altavoz. La voz de Dora salió dulce:

“Silvia, querida, hoy nos vemos para firmar. Trae a tu hija, así aprende a obedecer”.

Alejandra, que aún estaba con nosotras, frunció el ceño. Mi madre respiró hondo.

“No voy”.

Dora rió.

“Ah, sí vas, porque si no mando a alguien a tu pueblo a recordarte cosas”.

Me puse helada. Dora seguía:

“Y, Valeria, dile a Juan que venga. Esto también le conviene”.

Miré a Juan. Estaba pálido.

Alejandra habló al altavoz:

“Señora Dora, su amenaza queda registrada. Buen día”.

Y colgó.

Juan explotó.

“¿Por qué le hablas así a mi mamá?”

Alejandra lo fulminó con la mirada.

“Porque su mamá está cometiendo un delito”.

Juan se pasó la mano por la cara.

“Ella está desesperada”.

Yo respondí:

“No. Ella está acostumbrada a ganar”.