Una tarde, mientras Elena ayudaba a Pedrito a sostenerse unos segundos más de lo habitual, Roberto habló:
—No fingí el viaje por negocios. Lo hice porque dudaba de usted.
Ella lo miró sin ofenderse.
—Es su hijo. Yo también habría dudado.
Él negó con la cabeza.
—No. Yo dudé porque tengo miedo. Y el miedo me hace desconfiar de todo lo que no controlo.
Elena guardó silencio.
—Quiero financiar su carrera —dijo él finalmente—. Termine fisioterapia. Pero no como empleada obligada. Como profesional.
Ella parpadeó, sorprendida.