En pleno almuerzo, la prometida de mi hijo exigió de repente 17 millones de dólares para organizar una boda lujosa, y mi hijo incluso asintió en señal de acuerdo. Pero justo en ese momento, un mesero me deslizó en secreto un papel en la mano: “Ella es una estafadora… salve a su hijo.

Llamé a luis. Luis es un viejo amigo de mi difunto esposo, un hombre que trabajó años en inteligencia y que tiene contactos hasta debajo de las piedras en la frontera. Luis, le conté lo que pasaba con la voz firme. Luis, necesito saber quién es isabella morales, le dije. No me importa cuánto cueste ni a quién tengas que llamar.

La respuesta llegó dos horas después. El teléfono vibró sobre la mesa de madera y sentí un vuelco en el corazón. Elena, el nombre de isabella morales aparece en tres reportes civiles en tejas, específicamente en houston y en austin. Pero escúchame bien, todas las demandas fueron retiradas por falta de pruebas penales. Esa mujer es una profesional. Usa nombres falsos o sabe moverse justo en el límite de la ley para que no la atrapen.

Pero lo que me dijo después fue lo que me confirmó que estaba tratando con un monstruo. Luis revisó la lista de proveedores que venían en la carpeta de los diecisiete millones que isabella me entregó. Las direcciones de las oficinas de banquetes, de las florerías importadas y de los organizadores de parís no existen. Son terrenos baldíos en las afueras de la ciudad o edificios abandonados. Todo el plan de la boda era una fachada, un teatro montado para robarme hasta el último centavo.

Con los contactos que me dio luis hice la primera llamada a houston. Me contestó don andrés garza. Al principio su voz sonaba fuerte, como la de un hombre acostumbrado a mandar en su rancho, pero en cuanto mencioné el nombre de isabella se le quebró el alma. Supe que estaba hablando con otro hombre destruido. Hola señora elena, esa mujer me dejó en la ruina, me dijo con un hilo de voz que me heló la sangre. Me pidió una boda de quinientos mil dólares. Vendí las tierras que habían sido de mis abuelos por generaciones solo para verla feliz, y justo la noche antes de firmar el contrato del salón me salió con que su madre estaba muriéndose en méxico y desapareció. Se llevó todo el dinero de los depósitos que ella supuestamente ya había pagado.

Hoy andrés me confirmó lo que ya sospechaba. Patricia, la madre de isabella, era la que manejaba los tratos, fingiendo enfermedades y tragedias para sacarle el dinero a las familias.