Me fui de polanco con la mirada fija en el camino, sintiendo que por primera vez en meses me senté frente al altar de mi marido una vez más. Las sombras de las veladoras bailaban en la pared mientras yo respiraba hondo, tratando de que mi voz no me traicionara. Tomé el teléfono y marqué el número de mi hijo.
Mateo, hoy cuando me contestó puse mi mejor voz de madre derrotada, una voz temblorosa y llena de una tristeza que fingí muy bien. Le dije que no podía dormir, pero que el dolor de estar lejos de él me estaba matando. Le pedí que trajera a isabella a la casa esa tarde porque quería firmar el compromiso de pago de los diecisiete millones. Solo quiero que mi familia esté en paz, le mentí al otro lado de la línea.
Le dije. Escuché el grito de alegría de isabella. Mateo suspiró aliviado, pensando que por fin yo había dado mi brazo a torcer. Me dolió escucharlo tan feliz por su propia desgracia. Él creía que yo estaba recapacitando, pero mi suspiro no era de rendición sino de lástima por su ceguera. El anzuelo estaba puesto y el pez ya lo tenía en la boca.
Empecé a mover mis piezas de inmediato. Transformé mi hogar en una sala de justicia. Llamé al licenciado rodríguez y le pedí que llegara temprano. Juntos escondimos cámaras y grabadoras en la sala de estar, detrás de los libros y debajo de las mesas de centro. Quería cada palabra, cada gesto de avaricia, registrado para siempre.
Me metí a la cocina y me puse el delantal. Decidí preparar mole poblano, un platillo que en méxico solo servimos en las grandes fiestas. El aroma del chocolate amargo, la canela y los chiles empezó a llenar la casa, pero esta vez ese olor no significaba una celebración sino la última cena de unos traidores. Era un aroma de despedida.
Mientras el mole hervía acomodé a mis invitados secretos. Don andrés, el ranchero de houston, y julián, el arquitecto de austin, ya estaban en mi despacho, justo a un lado de la sala. Les pedí que guardaran absoluto silencio. Hoy no salgan hasta que yo les dé la señal, les advertí. Hoy la justicia se va a servir en esta mesa.