Ella Comía Sobras a Escondidas… Sin Saber Que El Dueño La Estaba Observando…

El silencio se volvió pesado, como si cada palabra nueva fuera demasiado grande para caber en el pequeño almacén. “No quiero problemas”, dijo Lucía temblando. “Solo necesito este trabajo.” “Lo sé”, respondió él. “Por eso estoy aquí. Quiero entender exactamente lo que está pasando contigo y con el resto del personal. Porque Sergio no me ha estado diciendo la verdad. Lucía abrió los labios, pero no salió nada. Nadie en años le había preguntado realmente cómo estaba. Marcos continuó. ¿Cuánto ganas al mes?

1000 € respondió ella, a veces menos y me quitan horas. Y las horas extras. Lucía sonrió con amargura. No existen para nosotros. No. Marco cerró el cuaderno con fuerza. Antes de que pudiera decir más, la puerta del almacén se abrió de golpe. “Sergio, ¿qué está pasando aquí?”, preguntó mirando a Lucía como si hubiera cometido una traición. Marco se giró despacio. “Estamos hablando.” “¿Hablando de qué?” Sergio soltó una risa seca. “De la pequeña ladrona. Porque si quiere tengo las cámaras para enseñarle todo.