Clara sintió que la sangre se le iba de las manos.
—Entonces… ¿quién estuvo conmigo?
Ricardo tardó unos segundos en responder.
—Eso es lo que llevo nueve años intentando descubrir.
La enfermera se llevó una mano a la boca.
Clara no.
Clara ya estaba demasiado adentro del espanto para hacer gestos.
—No le creo.
Ricardo metió la mano en el bolsillo interno de su bata. Sacó una cartera vieja. De ella extrajo una fotografía gastada.
Se la tendió.
Clara la tomó con dedos temblorosos.
Era la imagen de un chico joven, de dieciocho o diecinueve años, sonriendo frente a una camioneta vieja.
Los mismos pómulos.
La misma nariz.
La misma forma de la boca.
Pero los ojos…
Los ojos eran distintos.
Más limpios.
Más suaves.
Más vivos.
Clara sintió náuseas.
—Es él.
—Es mi hijo.
—No… —murmuró—. No es exactamente él. Pero es él.
Ahí fue cuando algo en su memoria hizo clic.
Pequeño.
Sutil.
Terrible.
Recordó una noche en que le había preguntado a Emilio por una cicatriz en el hombro.
Él cambió de tema.
Recordó que nunca la dejaba tomarle fotos cuando dormía.
Recordó que evitaba pasar por ciertos lugares del centro.
Recordó que una vez, al salir de una farmacia, un anciano lo miró fijamente y dijo en voz baja: “Pensé que estabas muerto”.
Emilio lo jaló del brazo y se la llevó.
Aquella noche le dijo que en Guadalajara había demasiados locos.
Ahora cada una de esas piezas le cortaba la piel por dentro.
—¿Por qué usaría el nombre de su hijo? —preguntó Clara, sin dejar de mirar la foto.
Ricardo tardó en contestar.
—Porque no solo robó un nombre. Creo que robó una vida.
Clara levantó la cabeza.
—Explíquese.
El doctor miró un segundo a las enfermeras, luego habló más bajo.
—Dos años después de la desaparición de Emilio, empezaron a aparecer cosas extrañas. Firmas bancarias que coincidían con las suyas. Trámites hechos con copias de sus actas. Consultas médicas en otros estados con su CURP. Alguien estaba usando su identidad.
—¿Y la policía?
Ricardo soltó una risa amarga.
—Dijeron que seguramente era un error administrativo. Luego, que quizá mi hijo se había ido por voluntad propia y estaba rehaciendo su vida. Pero yo conocía a Emilio. Sabía que algo no estaba bien.
Clara abrazó más fuerte al bebé.