EL PADRE LA DEJÓ con ÁRBOLES SECOS… AÑOS DESPUÉS HERMANOS IMPLORARON que les ENSEÑARA…

Estas oportunidades son como las frutas. Hay que cosecharlas en su punto justo. No fue el único interesado en el huerto. A media tarde, un hombre trajeado y con maletín se presentó como representante de agroindustrias mediterráneas, una de las mayores exportadoras de fruta de la región. Su proyecto tiene un potencial comercial enorme”, declaró mientras recorrían los árboles de variedades exóticas. “Estas frutas tropicales adaptadas podrían venderse como productos gourmet en mercados europeos a precios premium. Mi empresa estaría interesada en establecer un contrato de exclusividad.” “¿Exclusividad?”, preguntó Elena sintiendo una extraña incomodidad.

Por supuesto, inversión a cambio de derechos exclusivos sobre la producción. Podríamos convertir este pequeño huerto experimental en una plantación comercial en menos de un año. La palabra plantación hizo que algo se removiera en el interior de Elena. miró a su alrededor, a los árboles que había cuidado uno por uno, a los senderos que serpenteaban respetando la topografía natural, a las abejas y mariposas que revoloteaban entre las flores. “Gracias por su interés”, respondió con cautela. “Pero necesitaré tiempo para considerar cualquier propuesta comercial.” El hombre le entregó su tarjeta con una sonrisa practicada.

“El tiempo es dinero, señorita Mendoza.” Y en agricultura, el momento adecuado lo es todo. A medida que avanzaba la tarde, Elena notó la ausencia de sus hermanos. Habían prometido ayudar, pero no habían aparecido. Estarían evitando el éxito de su proyecto por orgullo. La idea la entristeció, pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar. Una periodista local quería entrevistarla y luego el alcalde insistió en hacer un recorrido guiado. Fue casi al atardecer cuando los vio. Raúl y Javier, acompañados por un hombre de mediana edad al que Elena no reconoció.