Elena compartiría agua con Raúl y Javier para salvar parte de sus cultivos a cambio de ayuda para expandir el sistema de riego y una participación justa en futuras cosechas. No será fácil, advirtió ella. Tendréis que trabajar aquí conmigo siguiendo mis condiciones. Ya no soy la hermana invisible que podéis ignorar. Raúl asintió lentamente tragándose su orgullo. Hablaré con Javier, dijo finalmente. No prometo que aceptará, pero lo intentaré. A la mañana siguiente, Elena compartió la conversación con don Sebastián y Martín.
El anciano se mostró preocupado. Ten cuidado, muchacha. La gente puede cambiar cuando está desesperada, pero volver a sus viejos hábitos cuando la crisis pasa. Lo sé, respondió ella, pero son mis hermanos. Y este huerto me ha enseñado que a veces lo que parece muerto solo está esperando una oportunidad para renacer. Para sorpresa de todos, Javier aceptó el trato con reticencia al principio, pero la amenaza de perder sus olivares era demasiado real para rechazar la oferta. Durante las semanas siguientes se estableció una rutina incómoda, pero funcional.
Los hermanos Mendoza trabajaban juntos por primera vez en sus vidas. No era una convivencia fácil. Había discusiones frecuentes sobre métodos y decisiones, pero poco a poco un respeto reluctante comenzó a crecer entre ellos. A finales de agosto llegó el gran día. La cosecha de la primera manzana era un evento simbólico que Elena quería compartir con todos los que habían formado parte de aquella aventura. invitó a don Sebastián, a Martín, a Lucía, a María y con cierta aprensión a sus hermanos.
Esa tarde, bajo un sol que comenzaba a declinar, el pequeño grupo se reunió alrededor del manzano. Elena, vestida con un sencillo vestido blanco que había pertenecido a su madre, se acercó al árbol con una pequeña cesta. Hace 4 meses, este lugar era un cementerio de árboles olvidados”, dijo mirando a los presentes. “Mi padre me lo dejó como castigo, creyendo que solo encontraría fracaso. Hoy recogemos el primer fruto de lo que espero sea una larga cosecha de sueños cumplidos.” Con delicadeza tomó la manzana entre sus dedos y la separó de la rama.