El Millonario No Quería Bailar con Nadie… Hasta que la Empleada Entró con su Hija

el tiempo se detuvo.

Don Alejandro sintió que el aire le faltaba.

Porque esos ojos…

no eran nuevos.

No eran desconocidos.

Eran… imposibles.

Con la voz quebrada… y el corazón golpeándole el pecho…

le dijo:

—¿Me… concede este baile?

El silencio fue total.

Una risa nerviosa se escapó entre los invitados.

Algunos pensaron que era una broma.

Otros… que el viejo millonario había perdido la razón.

Pero la joven…

no respondió de inmediato.

Se quedó mirándolo fijamente… como si también lo reconociera.

Como si algo dentro de ella… estuviera despertando.

La madre, desde lejos, se puso pálida.

—No… —murmuró—. No puede ser…

Y entonces…

la joven dio un paso al frente.

Pero justo cuando iba a tomar su mano…

Don Alejandro notó algo.

Algo que lo dejó helado.

Un pequeño dije colgaba de su cuello.

Un relicario antiguo.

Abollado… gastado por los años.

El mismo…

que él había enterrado… hace veinticinco años… junto al amor de su vida.

La sangre se le fue del rostro.