Algo que nadie más vio.
Una de las señoras ricas del evento dejó caer su bolso y comenzó a regañar a un mesero, culpándolo injustamente.
La joven se acercó despacio… recogió el bolso… y en lugar de discutir… dijo con una voz suave:
—No fue él, señora… fui yo… discúlpeme.
Mentía.
Y aun así… defendía a otro.
Ese gesto… tan simple… atravesó a Don Alejandro como un cuchillo.
Porque hacía muchos años… alguien hizo exactamente lo mismo por él.
Exactamente.
El corazón le empezó a latir fuerte… demasiado fuerte.
—No puede ser… —susurró.
Y sin pensar…
caminó hacia ella.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
El salón entero comenzó a quedarse en silencio… sin saber por qué.
Las miradas se giraron.
Algo estaba pasando.
Algo extraño.
Algo que nadie entendía.
La joven levantó la vista… y sus ojos se encontraron con los de él.
Y en ese instante…