El millonario fingió irse de viaje pero descubrió — lo que la niñera hacía con sus hijos…

¿De qué está hablando?, preguntó Elena con la voz temblorosa, pero digna. Tú sabes de qué hablo, hipócrita, le escupió Gertrudis, girándose hacia ella con los ojos inyectados en odio. He notado cosas, señor, pequeñas cosas que desaparecían, monedas, cubiertos, pero hoy, hoy ha ido demasiado lejos. Fui a limpiar su mesita de noche, señor, como hago cada viernes, y la caja de tercio pelo azul estaba abierta. Roberto no parpadeó, mantuvo la mirada fija en Gertrudis. Di el broche de la mariposa!

Gritó Gertrudis llevándose una mano al pecho. El broche de la señora Laura ya no está. Y la única persona que ha estado rondando el piso de arriba mientras usted trabajaba, señor, es ella. La vi subir con la excusa de buscar toallas limpias. Era una mentira burda. Elena no había subido en todo el día. Tenía prohibido pisar la segunda planta, salvo orden expresa, pero la acusación flotaba en el aire, pesada y tóxica. “Yo no he subido, señor”, dijo Elena rápidamente, mirando a Roberto a los ojos.

No he salido de esta sala. Usted usted estaba arriba. Usted sabe que no subí. Roberto no respondió a Elena. Se mantuvo en silencio, dejando que el pánico creciera, dejando que Gertrudis se confiara. “Miente”, insistió Hertrudis. “Son como ratas, señor, se mueven por las sombras, pero esta vez la tengo. Estoy segura de que no ha tenido tiempo de sacarlo de la casa. debe tenerlo en sus cosas, lista para llevárselo en cuanto termine su turno. Exijo que revisemos su bolsa ahora mismo por la memoria de la señora.

Los gemelos lloraban desconsolados, sintiendo la agresión en el ambiente. Santi escondía la cara en el cuello de Elena, empapando su uniforme de lágrimas. Otra vez no, susurró Elena y una lágrima de impotencia rodó por su mejilla. Ya revisó mis cosas una vez. Cuántas veces más necesita humillarme, las veces que sean necesarias hasta que aparezca la verdad. Dijo Gertrudis y sin esperar permiso, corrió hacia el armario del pasillo donde estaba la bolsa de Elena. Roberto la siguió a paso lento.