No tenía fuerza o no tenía valor. Pero Rodrigo ya sabía que la respuesta estaba a 200 m de ahí. Rodrigo cargó a su madre como se carga a un niño. Pesaba nada, literalmente nada. La envolvió en una cobija limpia de las que traía en la camioneta y la acomodó en el asiento del copiloto. Canelo se subió de un brinco a la caja de atrás sin que nadie lo invitara, como si supiera que por fin alguien había venido a hacer lo que él no podía.
Manejó como loco. La clínica más cercana estaba a 40 minutos por carretera de tierra. Rodrigo la hizo en 25. Iba viendo de reojo a su madre, que se había quedado dormida o desmayada, con la boca entreabierta y la respiración tan flaca que a cada rato Rodrigo le ponía la mano en el pecho para asegurarse de que seguía viva. Llegó a la clínica derrapando, entró cargándola. Los enfermeros lo vieron y reaccionaron de inmediato. La pusieron en una camilla, le conectaron suero.
La doctora llegó corriendo y cuando le quitó la cobija se quedó callada 3 segundos. 3 segundos que a Rodrigo le parecieron 3 horas. El diagnóstico fue una lista de horrores. Desnutrición severa, deshidratación crónica, infección en la piel por las heridas que le salieron de estar acostada tanto tiempo en el mismo lugar. Llagas en las piernas. Principio de infección urinaria. Anemia. La doctora se quitó los guantes, miró a Rodrigo y le preguntó con una voz que intentaba ser profesional, pero no podía esconder el espanto.
¿Cuánto tiempo estuvo en esas condiciones? Rodrigo no supo responder, pero la cabeza ya le estaba haciendo cuentas. Las llamadas empezaron a cambiar hace como 8 meses, las respuestas cortas, los pretextos, las excusas para no hablar por video. 8 meses. Su madre estuvo encerrada 8 meses mientras él estaba al otro lado de la frontera mandando dinero y creyendo que todo estaba bien. El dinero. Rodrigo se quedó helado en medio del pasillo. Cada mes mandaba dinero a la cuenta de Graciela.
la misma cuenta que ella le pidió usar porque tu mamá ya no quiere ir al banco. Rodrigo nunca pidió comprobante, nunca cuestionó nada. 8 meses de depósitos. ¿A dónde fue ese dinero? ¿Quién lo usó? ¿Para qué sirvió mientras su madre se pudría en la oscuridad con un plato de tortillas pasado por un agujero, Rodrigo se sentó en una silla de plástico del pasillo, se agarró la cabeza con las dos manos. La rabia y la culpa le llegaron al mismo tiempo, como dos golpes en el mismo lugar.