El día en que su padre los abandonó tras el entierro de su madre, nadie sospechaba que años después regresaría… y que sería él quien no podría soportar la verdad.

—Catalina…

—¿Les dijiste?

La sala quedó inmóvil.

Laura frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

Catalina no apartó los ojos de Rodrigo.

—Dos años después de irte, viniste a Guadalajara buscando a Susana. No sabías ni que yo ya me había mudado con ustedes. Llegaste borracho. Gritaste en la banqueta. Dijiste que querías dinero porque tenías deudas. Cuando te dije que no ibas a tocar a los niños, me insultaste y trataste de empujar la puerta.

Rodrigo palideció.

Laura sintió un latigazo helado recorriéndole el cuerpo.

Nunca supo eso.

Nunca.

Catalina siguió hablando.

—El vecino de enfrente llamó a la patrulla. Hay reporte. Hay testigos. Hay fecha. Y hay una frase tuya que jamás olvidé.

Rodrigo cerró los ojos un segundo.

Como si supiera exactamente cuál era.

Catalina se la arrojó delante de todos.

—Dijiste: “Si esos niños no me sirven para salir de este hoyo, entonces que se los quede quien quiera”.

Daniel retrocedió como si le hubieran pegado.

Laura sintió que el mundo se le iba a un costado.

Verónica giró hacia Rodrigo, muda.

Bruno bajó el teléfono.