Era la sonrisa de una mujer que había enterrado demasiado y ya no le tenía miedo a nada.
—Y yo tengo pruebas.
El rostro de Rodrigo cambió.
Fue apenas un movimiento.
Mínimo.
Pero suficiente.
—¿Qué pruebas? —preguntó.
Catalina lo sostuvo con la mirada.
—Los depósitos interrumpidos. Los mensajes ignorados. Las cartas devueltas. Los reportes escolares sin firma. Los gastos médicos pagados por mí. La constancia de abandono. Y algo más.
Laura volteó hacia su abuela.
No sabía a qué se refería.
Catalina nunca les había contado todo.
Verónica frunció el ceño.
—No puede probar abandono si no hubo una denuncia formal.
—No subestime a una mujer vieja solo porque no usa su mismo perfume —dijo Catalina.
Luego miró directamente a Rodrigo.
—¿Les dijiste que viniste una vez antes?
Laura sintió que algo se le detenía adentro.
Daniel la miró confundido.
Rodrigo se tensó.