Nunca lo merecí.
Pero aun así se quedó.
—¿Por qué…? —logré preguntar, con la voz quebrada.
Ella miró el dinero.
Luego me miró a mí.
—Porque te amo.
Simple.
Directo.
Sin resentimiento.
Eso me destruyó todavía más.
—¿Incluso cuando… me comportaba así contigo? —pregunté, sin poder mirarla a los ojos.
Ella sonrió.
Triste… pero serena.
—Amar a alguien no es solo cuando es fácil.
Silencio.
Tomó el papel de mi mano.
Lo dobló otra vez.
Con cuidado.
—Yo solo estaba esperando…
Respiró hondo.