Durante 5 años de matrimonio, nunca lavé la ropa de mi esposa… hasta que, el primer día que lo hice, me desmoroné al descubrir el secreto que ella había estado escondiendo todo este tiempo. No podía creer que mi propia esposa fuera así…

Nunca lo merecí.

Pero aun así se quedó.

—¿Por qué…? —logré preguntar, con la voz quebrada.

Ella miró el dinero.

Luego me miró a mí.

—Porque te amo.

Simple.

Directo.

Sin resentimiento.

Eso me destruyó todavía más.

—¿Incluso cuando… me comportaba así contigo? —pregunté, sin poder mirarla a los ojos.

Ella sonrió.

Triste… pero serena.

—Amar a alguien no es solo cuando es fácil.

Silencio.

Tomó el papel de mi mano.

Lo dobló otra vez.

Con cuidado.

—Yo solo estaba esperando…

Respiró hondo.