Durante 5 años de matrimonio, nunca lavé la ropa de mi esposa… hasta que, el primer día que lo hice, me desmoroné al descubrir el secreto que ella había estado escondiendo todo este tiempo. No podía creer que mi propia esposa fuera así…

—…a que volvieras.

Me derrumbé.

La abracé.

Con fuerza.

Como si fuera la primera vez.

Como si fuera la última.

—Perdóname… —dije, una y otra vez.

Ella no respondió con palabras.

Solo me abrazó de vuelta.

Y eso…

Fue más que suficiente.

En los días que siguieron…

Nada cambió.

Y, al mismo tiempo…

Todo cambió.

Volví al trabajo.

Pero ahora…

Llamaba.