—…a que volvieras.
Me derrumbé.
La abracé.
Con fuerza.
Como si fuera la primera vez.
Como si fuera la última.
—Perdóname… —dije, una y otra vez.
Ella no respondió con palabras.
Solo me abrazó de vuelta.
Y eso…
Fue más que suficiente.
En los días que siguieron…
Nada cambió.
Y, al mismo tiempo…
Todo cambió.
Volví al trabajo.
Pero ahora…
Llamaba.