—¿Dónde más iba a estar?
Tragó saliva.
—Fui injusto con usted.
—Sí.
—¿Y aun así me cuidó?
Clara ajustó la venda sin suavidad.
—Porque este rancho lo necesita vivo. Y porque yo ya me cansé de dejar que el miedo mande sobre todo.
Francisco la miró largo rato. Luego, con los ojos húmedos, susurró:
—Tal vez usted sea justo lo que nos faltaba.