A la clínica animal El Paso en la avenida de las Américas, respondió Lupita. Es una emergencia. El hombre asintió y les ayudó a subir todo al taxi. Durante el viaje, Lupita sostuvo la caja con los cachorros en sus piernas mientras Miguel mantenía a Canela tranquila a su lado. “¿Los encontraron en la calle?”, preguntó el taxista mirándolos por el espejo. “En la carretera, respondió Miguel. Esta valiente los estaba arrastrando en una caja.” El taxista silvó con admiración. Hay muchos perros abandonados en Ciudad Juárez, pero nunca había escuchado algo así.
Es una buena madre. La clínica animal. El paso era un edificio pequeño de color blanco con una franja azul. Tenía un letrero con la silueta de un perro y un gato. Cuando entraron, la sala de espera estaba vacía, excepto por una mujer con un perico en una jaula. La recepcionista, una joven con lentes y cabello corto, levantó la vista de su computadora. Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles? Buenos días, dijo Lupita. Tenemos una emergencia. Esta perra estaba en la carretera con sus cachorros.
Está herida y uno de los bebés está muy débil. La recepcionista miró a Canela y luego a la caja con los cachorros. Por supuesto, déjenme avisarle al doctor Vega. Por favor, tomen asiento. No tuvieron que esperar mucho. Un hombre mayor con cabello y bigote blanco, vestido con una bata blanca, salió de una puerta. Buenos días, soy el Dr. Ramón Vega. Se presentó con voz amable. Pasen por aquí, por favor. El consultorio era limpio y ordenado. Había una mesa de metal en el centro y estantes con medicinas y equipo médico.
“¿Cómo se llama nuestra paciente?”, preguntó el doctor, acercándose despacio a Canela. Miguel y Lupita se miraron. No habían pensado en un nombre oficial. “Canela”, dijo Lupita finalmente, “por bien, Canela”, dijo el doctor agachándose para estar a su altura. Vamos a revisarte a ti y a tus bebés. Con movimientos lentos y suaves, el doctor Vega comenzó a examinar a Canela. Le revisó los ojos, los dientes, palpó su cuerpo y examinó sus patas. Canela se dejó hacer, aunque temblaba un poco.
Está muy deshidratada, explicó el doctor. Ha caminado mucho tiempo sin suficiente agua. Sus almohadillas están lastimadas por el asfalto caliente y tiene una infección en esta herida del costado. No es reciente, pero se ha infectado. Luego, con mucho cuidado, revisó uno por uno a los cachorros. Tienen aproximadamente una semana de nacidos”, dijo. Este y este están fuertes, estos dos están bien, pero estos dos últimos están débiles, especialmente el más pequeño. Milagrito apenas se movía cuando el doctor lo examinaba.
“¿Se va a morir?”, preguntó Lupita con voz temblorosa. El doctor Vega la miró con ojos amables detrás de sus lentes. Haré todo lo posible para que no suceda, pero deben entender que es el más pequeño y débil de la camada. En la naturaleza a veces no estamos en la naturaleza, interrumpió Miguel con firmeza. Estamos aquí y queremos salvarlo. El doctor sonrió y asintió. Esa es la actitud. Voy a darles medicinas para canela. Necesita antibióticos para la infección y algo para el dolor de sus patas.
También necesita una dieta especial para recuperarse y producir suficiente leche para sus cachorros. El doctor Vega fue a un estante y comenzó a preparar medicinas. Para los cachorros más débiles, especialmente para Milagrito, necesitarán alimentarlos con un suplemento especial. Les mostraré cómo hacerlo. Durante la siguiente hora, el doctor Vega les enseñó a Miguel y Lupita cómo limpiar las heridas de canela, cómo darle las medicinas y cómo alimentar a los cachorritos que no podían mamar bien. Es importante que mantengan limpio el lugar donde están.
explicó el doctor. Cambien las toallas todos los días y laven bien sus manos antes y después de tocarlos. Les dio una jeringa pequeña sin aguja para alimentar a Milagrito. Cada tres horas, incluso durante la noche, insistió. Es la única forma de que sobreviva. Miguel y Lupita escuchaban con atención y practicaban bajo la supervisión del doctor. “Tienen muy buenas manos”, comentó el doctor Vega. “Canela confía en ustedes y eso es importante.” Finalmente les entregó una lista con todas las cosas que necesitaban comprar.
Comida especial para canela, suplemento lácteo para los cachorros, medicinas, alcohol para limpiar, gasas y vendas. Pasen a la recepción para que les den todo esto, dijo el doctor. Quiero ver a Canela de nuevo en tres días o antes, si notan que empeora. En la recepción, la joven comenzó a sumar todo. Miguel miraba la cuenta creciendo. Cuando terminó, mostró el total en la pantalla. Son 1850 pesos, dijo la recepcionista. Incluye la consulta, las medicinas y la comida especial.
Miguel y Lupita se miraron. Era mucho dinero para ellos, casi una semana completa de sueldo de Miguel. Un momento, dijo Miguel y llevó a Lupita a un rincón. Es mucho dinero, Lupita, susurró. Casi todo lo que gané la semana pasada. Lupita miró a Canela, que esperaba pacientemente con su caja de cachorros. Es nuestro dinero para la casa nueva dijo Lupita en voz baja. Pero, ¿qué vale más? ¿Una casa nueva o siete vidas? Miguel miró a su esposa a los ojos, esos ojos color miel que siempre veían lo mejor en todo.
No necesitó responder con palabras. Regresaron al mostrador y Miguel sacó su tarjeta de débito. “Pagaremos todo”, dijo con firmeza. La recepcionista sonrió mientras procesaba el pago. “El Dr. Vega es el mejor veterinario de Ciudad Juárez”, comentó. “Si alguien puede salvar a ese cachorro tan pequeño, es él.” Cuando salieron de la clínica, el sol ya estaba alto. Tomaron otro taxi de regreso a casa. Canela parecía más relajada después de recibir el tratamiento para sus patas. “Gracias por traernos”, dijo Lupita al taxista cuando llegaron al edificio mirador.
“No sé cómo hubiéramos llegado con todos ellos en el autobús.” El hombre sonríó. “No es nada. Tengo tres perros en casa. Entiendo lo que es quererlos como familia.” Ya en el apartamento, Lupita organizó todos los medicamentos y la comida especial. Miguel preparó un espacio más limpio y cómodo para Canela y los cachorros. “Tengo que ir a trabajar ahora”, dijo Miguel mirando su reloj. “Mi jefe ya me dio la mañana libre, pero no puedo faltar toda la jornada.” Lupita asintió.
“No te preocupes, yo cuidaré de ellos. Ya me apunté los horarios para las medicinas y la alimentación de mi lagrito. Miguel se acercó a Canela antes de salir. La perra lo miró con sus ojos cansados, pero menos temerosos. “El doctor dice que eres muy valiente”, le dijo suavemente. “Descansa y cuida a tus bebés. Volveré en la noche. En la puerta se detuvo y miró a Lupita, quien ya estaba sentada junto a la caja preparando la jeringa para alimentar a Milagrito.