Incluso Canela participó dejando que la niña le rascara detrás de las orejas. ¿Dónde los encontraron?, preguntó Sofía. En la carretera, respondió Miguel, que finalmente había terminado de arreglar el labavo y se unió a ellos. Canela estaba arrastrando una caja con sus bebés. Estaba muy mal herida y cansada. Los estaba arrastrando, preguntó Sofía asombrada. En una caja. Sí, confirmó Lupita. Miguel la vio y se detuvo a ayudarla. Si no lo hubiera hecho, probablemente no habrían sobrevivido. Sofía miró a Canela con admiración.
Eres una mamá muy valiente, Canela! Le dijo acariciando su cabeza. Salvaste a tus bebés. En realidad eran seis cachorros”, mencionó Lupita con tristeza. El más pequeño, milagrito, murió hace unos días. Era muy débil. “Lo siento mucho”, dijo Sofía con sinceridad. Seguro que fue al cielo de los perritos. La tarde avanzó rápidamente. Sofía les contó sobre su escuela, la primaria Benito Juárez, donde cursaba cuarto grado. Vivía con su mamá en otro barrio, pero visitaba a su papá los fines de semana.
“Mi papá es bueno”, dijo mientras acariciaba a Luna, pero a veces es muy estricto con las reglas. Dice que sin reglas todo sería un caos. Miguel y Lupita intercambiaron miradas. Era exactamente lo que don Ernesto les había dicho cuando les dio el ultimátum sobre los perros. Les dio dos semanas para encontrarles otro lugar, ¿verdad?, preguntó Sofía sorprendiéndolos. ¿Cómo lo sabes?, preguntó Miguel. Lo escuché hablar con la señora del apartamento 3C, confesó Sofía. Papá no sabe que lo escuché.
De repente se oyeron pasos en el pasillo y luego un golpe fuerte en la puerta. Sofía llamó la voz severa de don Ernesto. Estás ahí dentro. La niña se levantó de un salto con expresión culpable. Es mi papá, susurró. Va a estar muy enojado. Miguel fue a abrir la puerta. Don Ernesto estaba allí con su habitual camisa bien planchada y su expresión seria. Señor Ángeles, ¿está mi hija aquí?, preguntó con tono severo. Sí, don Ernesto, respondió Miguel.
Está jugando con papá, interrumpió Sofía apareciendo detrás de Miguel. Tienes que ver los perritos. Son hermosos y les puse nombres a todos. Don Ernesto frunció el seño. Sofía, te he dicho mil veces que no molestes a los vecinos y menos a los que tienen. Hizo una pausa y miró a Miguel. Animales no permitidos. No estaba molestando, papá, protestó Sofía. La señora Lupita me dejó entrar y los cachorros son muy lindos. Hay uno que se llama Pinto, que es superinteligente.
Sin esperar respuesta, tomó la mano de su padre y tiró de él. Ven a verlos, por favor, solo un minuto. Don Ernesto miró a Miguel, quien se encogió de hombros. Puede pasar un momento si quiere, ofreció. Con reluctancia, don Ernesto entró en el apartamento. Sus ojos se abrieron un poco más al ver a Canela y los cinco cachorros. Sofía corrió hasta ellos y se sentó en el suelo. “Mira, papá”, dijo con entusiasmo. “Esta es Canela, la mamá, y estos son Canelo, nube, pinto, coco y luna.” El señor Miguel encontró a Canela en la carretera.
Estaba arrastrando una caja con sus bebés porque estaban en peligro. No es increíble. Don Ernesto observó la escena con expresión indescifrable. Sofía me contó cómo los encontró, dijo Lupita acercándose. Canela estaba muy mal herida, con las patas lastimadas por el asfalto caliente. Aún así no abandonó a sus cachorros. Canelo, el cachorro más parecido a su madre, se acercó con curiosidad a los zapatos de don Ernesto. El hombre se tensó, pero no retrocedió. Eran seis, continuó Sofía acariciando a Luna.
Pero el más pequeño, milagrito, murió hace poco. Estaba muy débil. Ya veo,”, murmuró don Ernesto. Miguel notó que la expresión del casero se había suavizado ligeramente. Ya no parecía tan enojado. “Sé que van contra las reglas del edificio”, dijo Miguel. “pero no podíamos simplemente abandonarlos”. Sofía miró a su padre con ojos suplicantes. “Papá, por favor, no los obligues a sacar a los perritos. Son una familia. No podemos hacer una excepción. Tú siempre dices que las reglas son importantes, pero también dices que ser bueno es más importante todavía.
Don Ernesto ajustó sus gafas y observó a su hija, luego a los perros y finalmente a Miguel y Lupita. Las reglas existen por una razón, Sofía. Comenzó con tono serio, pero menos severo que antes. Pero supongo que cada regla puede tener circunstancias especiales. Sofía saltó de alegría y abrazó a su padre. Gracias, papá. No he dicho que puedan quedarse definitivamente, aclaró don Ernesto rápidamente. Solo que necesito pensarlo mejor. Miró su reloj y añadió, “Es hora de irnos, Sofía.
Tu madre vendrá a recogerte en una hora y todavía tienes que empacar tus cosas. ¿Puedo venir a jugar con los cachorritos mañana antes de irme?, preguntó Sofía esperanzada. Don Ernesto suspiró. Si terminas tu tarea primero. Sofía se despidió de cada cachorro con una caricia y le dio un abrazo especial a Canela. “Volveré mañana”, prometió. y les contaré a todos mis amigos de la escuela sobre ustedes. Cuando Sofía y don Ernesto se fueron, Miguel y Lupita se miraron con asombro.
¿Qué acaba de pasar?, preguntó Miguel. Don Ernesto parecía casi humano. Creo que su hija tocó su corazón, respondió Lupita con una sonrisa. Sofía es especial. Incluso Canela confió en ella inmediatamente. Miguel se sentó en el sofá pensativo. ¿Crees que realmente cambiará de opinión sobre el ultimátum? No lo sé, dijo Lupita sentándose a su lado. Pero ahora tenemos una aliada y parece que también tenemos nombres para todos los cachorros. Canela se acercó y apoyó su cabeza en la rodilla de Lupita, como si entendiera la conversación.
Los cachorros, ahora con identidades propias, jugaban entre ellos en su rincón. Coco, luna, pinto, nube y Canelo! Recitó Miguel observándolos. Nombres perfectos para sus personalidades. Esa noche, antes de acostarse, Lupita encontró a Miguel mirando por la ventana pensativo. ¿En qué piensas?”, preguntó acercándose a él. “¿En cómo cambian las cosas?”, respondió. Hace una semana estábamos desesperados porque don Ernesto nos ordenó sacar a los perros. Ahora su propia hija es la mayor defensora de Canela y sus cachorros. La vida da muchas vueltas, dijo Lupita, y a veces la ayuda viene de donde menos lo esperamos.
A la mañana siguiente, domingo, Sofía regresó como había prometido. Esta vez trajo su cuaderno de la escuela. Le conté a mi mejor amiga Julia sobre Canela y sus cachorros, dijo mientras acariciaba a Pinto. Dice que son como héroes, especialmente Canela. Y nuestra maestra doña Carmen, siempre nos dice que debemos aprender de los héroes. “Doña Carmen, ¿es tu maestra?”, preguntó Lupita recordando que Sofía había mencionado que iba a la escuela primaria Benito Juárez. Sí, es la mejor maestra del mundo,”, afirmó Sofía con entusiasmo.
Nos enseña sobre la naturaleza y los animales. Dice que podemos aprender mucho de ellos. Sofía abrió su cuaderno y les mostró los dibujos que había hecho de cada cachorro. “Mañana los llevaré a la escuela para enseñárselos a todos. Le contaré a doña Carmen sobre ustedes y Canela. Seguro que le encantará la historia. Miguel y Lupita sonrieron ante el entusiasmo de la niña, sin imaginar cuánto cambiaría sus vidas este simple acto de compartir la historia de Canela con una maestra de escuela primaria.
Tres días después de la visita de Sofía, el timbre del apartamento sonó mientras Lupita cambiaba las toallas de la caja donde dormían Canela y los cachorros. Era martes por la tarde y Miguel todavía no regresaba de su trabajo. Al abrir la puerta, Lupita encontró a una mujer de unos 55 años con cabello gris recogido en un moño y gafas redondas. Vestía una falda larga floreada y una blusa blanca. A su lado estaba Sofía sonriendo con entusiasmo. “Buenas tardes”, saludó la mujer.
Soy Carmen Ortiz. maestra de cuarto grado en la escuela primaria Benito Juárez. Sofía me ha contado una historia muy interesante sobre una perra valiente y sus cachorros. “Hola, señora Lupita”, exclamó Sofía. Le dije a doña Carmen sobre Canela y me pidió que la trajera para conocerlos. “Podemos pasar.” Lupita, algo sorprendida, asintió y abrió más la puerta. Por supuesto. Adelante. Disculpen el desorden. Estaba limpiando el espacio de los perros. Doña Carmen entró al apartamento con paso decidido. Sus ojos se iluminaron al ver a Canela y los cinco cachorros en su rincón.
“Así que esta es la famosa canela”, dijo acercándose despacio. Sofía no exageraba sobre su historia. Es realmente extraordinaria. Cuéntele todo, señora Lupita”, pidió Sofía sentándose en el suelo cerca de los cachorros sobre cómo el señor Miguel la encontró en la carretera. Lupita preparó café para doña Carmen mientras le relataba toda la historia. Como Miguel había encontrado a Canela arrastrando la caja con sus cachorros, la visita al veterinario, la muerte de Milagrito y los problemas con don Ernesto y el edificio.