¡BAM! La puerta del fondo se abrió de golpe.

Isabel levantó una ceja.

—Los rumores de mi muerte han sido exagerados.

Varias personas en la sala soltaron pequeñas risas nerviosas.

Eduardo no.

Eduardo estaba pálido.

Miró a Camila.

—Tú dijiste que tu madre…

Camila no respondió.

Isabel lo miró como quien examina un insecto.

—Mi hija pensó que estaba muerta.

—Era más seguro para ella.

Falcón intervino, intentando recuperar terreno.

—Señoría, con todo respeto, esta aparición teatral no cambia el procedimiento.

Isabel giró lentamente hacia él.

—Licenciado Falcón.

—He leído algunos de sus casos.

—Interesantes.

Falcón sonrió con frialdad.

—Siempre gano.

Isabel asintió.