—¿Y usted es…?
La mujer abrió su portafolio.
Sacó una credencial.
La colocó sobre la mesa.
—Licenciada **Isabel Ríos Delgado**.
Un murmullo recorrió la sala.
Incluso el abogado Falcón levantó la cabeza.
El juez tomó la credencial.
Sus cejas se elevaron.
—¿La Isabel Ríos?
La mujer sonrió apenas.
—La misma.
El murmullo creció.
Porque en los círculos legales de la ciudad ese nombre no era cualquiera.
Isabel Ríos había sido **la fiscal más temida de la Procuraduría durante veinte años**.
Había encarcelado empresarios.
Políticos.
Banqueros.
Y luego desapareció del mundo público… hace más de una década.
El juez aclaró la garganta.
—Licenciada… según el expediente… usted estaba fallecida.