Su marido y sus hijos eran su mundo entero. Me di la vuelta en la cama, obligándome a dejar de pensar. Quizás mañana, cuando hablara solas con Lucía, vería una faceta más real de su vida. Afuera, la luna brillaba con una luz fría. Cerré los ojos, pero aún podía oír el sonido casi imperceptible de los cubiertos de los niños contra los platos durante la cena. Un silencio aprendido. A la mañana siguiente me despertó un ruido muy leve pero rítmico.
Eran las 6:30, el sonido venía de la cocina. Me levanté y abrí la puerta con cuidado. El pasillo estaba en silencio y el salón vacío. Vi una luz encendida en la cocina y oí el chocar de platos deliberadamente suave. Me acerqué y vi a Lucía, ya vestida y con el delantal puesto, preparando el desayuno. Sobre la encimera había platos de porcelana y ella estaba cortando fruta. Cada trozo era casi idéntico al anterior. En una cacerola pequeña se cocía avena y en otra sartén se freían huevos con bacón.
Ya levantada, le pregunté en voz baja. Pareció sobresaltarse. Dejó de cortar y se giró hacia mí con una sonrisa. Perdona, ¿te he despertado? Es la costumbre. Marcos y los niños desayunan a las 7. Luego él se va a trabajar y los dos mayores al colegio. Te ayudo, dije entrando en la cocina. No, no, tú ve a arreglarte que esto ya casi está, respondió rápidamente, acelerando sus movimientos. Viendo lo atareada que estaba, no insistí y volví a mi habitación.
Cuando salí, la mesa ya estaba puesta. Un desayuno servido individualmente para cada uno. Un huevo frito con bacón y tomate a la plancha, un par de tostadas de pan integral, un cuenco de avena y un plato con la fruta perfectamente cortada. Los niños ya estaban sentados en sus sitios en silencio. Marcos también había bajado con una camisa y un traje impecables y el pelo perfectamente peinado. Buenos días, Sofía. ¿Has dormido bien? Me saludó con una inclinación de cabeza.
Muy bien, gracias. Siéntate. No seas tímida. se sentó en la cabecera. El desayuno transcurrió en un silencio casi absoluto, solo roto por el ruido de los cubiertos y de la masticación. Marcos leía las noticias en su móvil y de vez en cuando le hacía alguna pregunta al hijo mayor sobre el colegio. El niño respondía de forma breve y clara. Lucía apenas comió. No paraba de ayudar al más pequeño, limpiándole la boca y cortándole el pan en trocitos.