Me paré delante de la puerta del despacho. La puerta de madera oscura, cerrada parecía una barrera infranqueable. Las palabras temblorosas de Hugo volvieron a mi mente. Ayuda a mamá. Respiré hondo. Agarré el picaporte de latón frío y giré. Estaba cerrado con llave. Era de esperar. Me había fijado en que Marcos siempre cerraba con llave al entrar y salir, pero Lucía debía de tener una copia al menos para limpiar. ¿Dónde la guardaría? Busqué en los sitios más obvios.
En el llavero de la entrada, no. En los cajones del salón tampoco. Fui a la cocina donde lucía pasaba más tiempo. Abrí varios cajones de trastos sin éxito. Finalmente, encima de la nevera, en una discreta caja de galletas, encontré una llave de latón suelta. El corazón se me aceleró. Tenía que ser esa. Volví al despacho, metí la llave en la cerradura y giré suavemente. Clic. La puerta se abrió. Un olor a cuero, papel y aparatos electrónicos me recibió.
El despacho no era grande, pero estaba impecable. Un enorme escritorio de madera maciza frente a la ventana, flanqueado por dos estanterías que llegaban hasta el techo, repletas de libros en alemán y archivadores. Sobre el escritorio, un ordenador de sobremesa, una pila de documentos ordenados y un portalápices, nada más. En una esquina, una pequeña caja fuerte, todo ordenado, reflejando el carácter metódico y controlador de Marcos. Cerré la puerta a mi espalda sin echar la llave. Por si acaso, necesitaba poder salir rápido.
Me acerqué al escritorio y encendí el ordenador. La pantalla se iluminó pidiendo la contraseña, la nota de Hugo, el cumpleaños de mamá al revés y luego el mío. El cumpleaños de Lucía es el 15 de agosto, al revés, 518, el de Hugo. Eh, recordé que Lucía había mencionado que su hijo mayor nació en invierno diciembre, creo que el tres, había publicado algo en redes, ¿no? Marcos controlaba sus redes, raramente publicaba fotos de los niños o información personal, pero ayer creo que dijo que el cumpleaños de Hugo era a principios de diciembre.
¿Qué día? Probé con 5181203. Contraseña incorrecta. 4 1,205 probé 100 million 124 incorrecta las manos me empezaban a sudar el tiempo corría, no podía seguir probando al azar. Calma, Hugo escribió mi cumpleaños. Los niños suelen recordar su cumpleaños civil. Sería el 1 o el 2 de diciembre. Probé million senitanta humildo senzun incorrecta. Opa ylingar. La pantalla parpadeó y apareció el escritorio. Solté un suspiro de alivio, pero a la vez una pesadezó de mí. El niño no mentía, sabía la contraseña y la había usado para pedirme ayuda.
El escritorio estaba limpio, solo unos pocos iconos de programas básicos y varias carpetas. Las revisé rápidamente. La mayoría eran de trabajo con nombres ordenados. Informe T3 2025, contratos, proyectos, proveedores, todo parecía normal, pero Hugo dijo que había cosas malas. ¿Dónde? Abrí la carpeta de contratos. Eran contratos estándar en alemán. No entendía mucho, pero parecía un acuerdo de colaboración con una distribuidora médica asiática. La cifra era considerable. Abrí varios informes financieros, números y más números. No soy una experta, no podía sacar nada en claro.
El tiempo pasaba y mi corazón latía cada vez más rápido y si estaba en una carpeta oculta o en un archivo encriptado. Intenté ver los archivos ocultos del sistema, pero no encontré nada. Cuando ya estaba a punto de rendirme y mirar el historial del navegador, mi vista se posó en el cajón inferior derecho del escritorio. Tenía una pequeña cerradura de combinación, no de llave. ¿Cuál sería la contraseña? ¿Probé el cumpleaños de Marcos? Nada. su aniversario de boda, que Lucía había mencionado una vez tampoco.