Ahora, como médico graduado, mi misión es expandir aún más el trabajo del instituto. Quiero crear una universidad de medicina integrativa donde futuros médicos puedan aprender tanto las técnicas modernas como la sabedoria tradicional. Los aplausos fueron ensordecedores. Alejandro y Mónica lloraban de orgullo. Ana Sofía sonreía radiante y cientos de personas celebraban el éxito de aquel joven que había cambiado sus vidas. Después de la graduación, Mateo fue buscado por decenas de periodistas queriendo contar su historia. “Doctor Mateo”, preguntó una reportera.
“¿Cuál es el secreto de su éxito?” “No hay secreto”, respondió él con sencillez. “El secreto es que no hay secreto. Es tratar a cada niño como si fuera mi hermana, a cada familia como si fuera mi familia. es recordar siempre de dónde vine y nunca olvidar a dónde quiero ir. Y a dónde quiere ir. Quiero llegar a un mundo donde ningún niño sea considerado imposible de curar, donde ninguna familia pierda la esperanza, donde la medicina tradicional y la medicina moderna trabajen juntas para el bien de las personas.
¿Usted cree que eso es posible? Mateo sonrió recordando las palabras de su abuela. La abuela Remedios siempre decía que todo es posible para quien tiene fe, amor y persistencia. Yo le creo. Entonces, sí creo que es posible. 5 años después de su graduación, el Dr. Mateo Reyes Remedios Villarreal se había convertido en una referencia mundial en medicina integrativa. Su universidad recibía estudiantes de todos los continentes y sus métodos eran aplicados en hospitales de todo el mundo, pero para él lo más importante seguía siendo el trabajo directo con los niños.
Todas las mañanas, antes de cualquier compromiso oficial, pasaba dos horas en el instituto atendiendo personalmente a sus pacientes. “Doctor”, dijo una madre una mañana, “¿Por qué usted todavía atiende personalmente? Usted ya no necesita hacer eso, señora. Yo siempre voy a necesitar hacerlo. Es aquí donde recuerdo por qué me hice médico. Es aquí donde me conecto con la abuelita Remedios. Ana Sofía, ahora fisioterapeuta titulada y especializada en las técnicas del instituto, se había convertido en la directora clínica.
Mateo dijo ella una tarde después de una sesión particularmente emotiva con un niño. Tú nunca te cansas. Sí, me canso, hermanita, pero entonces miro a un niño dando sus primeros pasos. Veo la sonrisa de la familia y toda la energía regresa. Creo que la abuelita Remedios sabía que esto iba a pasar. Creo que ella lo sabía todo, Ana Sofía. Ella era especial y nosotros también somos especiales. Al menos hacemos cosas especiales. Hacemos cosas simples con mucho amor.