Una mujer que lucha contra la infertilidad responde a un anuncio de una viuda que busca ayuda para criar a seis hijos. Lo que sucede a continuación te partirá el corazón.
La carta llegó un martes, cubierta de polvo del camino y doblada tantas veces que los pliegues ya parecían tela gastada. Sara Méndez la sostuvo entre los dedos como si fuera a deshacerse bajo el sol. Estaba de pie en la entrada de la tienda donde trabajaba desde hacía tres años, viendo cómo la tinta temblaba un poco con el calor de la tarde. Detrás de ella, doña Paula acomodaba latas de duraznos en un estante y tarareaba una melodía sin ritmo. Sara sabía que tenía apenas un par de minutos antes de que empezaran las preguntas.
Salió a la calle principal de Santa Aurelia. El sol caía con furia sobre la tierra seca, y cada caballo que pasaba levantaba una nube de polvo que flotaba un instante antes de desaparecer. Se refugió bajo la sombra del techo de madera y volvió a leer la carta, aunque ya se sabía cada palabra.
Viudo, seis hijos, rancho a dos días al norte, cerca de San Jerónimo. Se busca mujer de buen carácter, fuerte de ánimo, para ayudar en casa y con los niños. No se ofrece romance, sólo trabajo honrado, respeto y una sociedad justa.