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Laya, la mayor por apenas 5 minutos, tenía una mirada determinada y responsable, siempre lista para liderar. Isabel, la del medio, observadora y analítica, raramente hablaba sin pensar primero. Iris, la menor, sensible y soñadora, tenía la sonrisa más fácil y el corazón más abierto. Todas vestían ropas simples, pero impecablemente limpias, pequeños vestidos floridos que el padre compraba en las liquidaciones y que ellas adoraban usar juntas. Los cabellos castaño oscuros estaban recogidos en trenzas idénticas hechas por el padre todas las mañanas antes de la escuela en un ritual que él nunca jamás dejaba de cumplir.